El recorrido por las entrañas de la ciudad nunca había sido tan encantador y tan intenso. Cuerpos próximos, manos cercanas que se desean tocar, miradas que quieren comer, labios que se quieren besar. Dos espíritus del mundo material se encuentran bajo tierra. Ajenos a lo demás, cruce de líneas, mapa, paradas y una calle estrecha testigo de primeros pasos. Se miran, se hablan y un mismo pensamiento brota del deseo. Un paisaje, electricidad estática, adrenalina y corazón acelerado. Una habitación cargada de suave brisa, aire que hace bailar las cortinas. Una habitación envuelta en humo y luz de vela, olor a madera y frutos salvajes. Dos espíritus del mundo material cargados de electricidad estática experimentan desnudos. Descubren sus cuerpos, adivinan sus sexos. Lamen, beben, comen, abren, devoran, exprimen sus miembros. Dos espíritus viajan a través de sus miradas, escriben versos piel con piel, dibujan círculos con la punta de sus lenguas dejando un rastro de saliva en la carne tibia. Se dejan llevar, no existe tiempo ni espacio, no existe el resto de la ciudad, solo un mundo paralelo. Incontinencia, fantasías desatadas, juegos. Calma, caricias acompañadas de breves susurros. Revolución, explosión y descarga de placer, deseo, acumulado. Nunca fue suficiente. Después vendría más…
