Estacionarios

lunes, 13 de julio de 2009 by dispersa





Hace mucho tiempo alguien empezó a escribir algo sobre los estacionarios. Seres imaginarios que habitaban en comunidades soñadas por la mente de un loco, pero un loco en su sano juicio que jugó a ser escritor hasta que la crueldad del ser humano le arrebató su inspiración. Entonces sus inscripciones empezaron a cobrar sentido. El color del pelo de los estacionarios o sus lazos de sangre bien podían ser los perturbados incomprendidos que viajaban de estación en estación sin buscar nada pero con la esperanza de encontrar algo.

Amor ¿por qué no? al fin y al cabo esa es la definición que resume una espiral de sensaciones. Como la canción, la estación de los amores viene y va. La Primavera le tiende la mano a Verano y llegados a ese punto dos estacionarios de distinto color pero con la misma piel inician un viaje hacia el confín de la Tierra.

Primavera aporta sus tormentas cargadas de grandes dosis de electricidad, la frescura en sus días más largos, la suavidad en sus noches más cortas. El espíritu de lo irreal. La alegría de los colores y el dulce aroma de la algarabía de plantas.

Verano proporciona su calor, el creciente deseo de cuerpos rociados de sudor anhelando anudar piel con piel. El reflejo de luz cambiando el color de los ojos y el color interior. Labios insaciables preparándose para ser bebidos, tomados en sorbos de poco a poco. Bocas dispuestas a ser devoradas por un apetito feroz. Jugos expuestos a ser los mejores factores de hidratación.

Juntos, Primavera y Verano, se convierten en cómplices de dos estacionarios. Dos incomprendidos que comienzan a descubrir un mundo paralelo, emprenden el descubrimiento de cuerpo y mente. Ya no viven en comunidades soñadas por lunáticos, en utópicas aldeas envueltas en espiritualidad con el fin de seguir procreando lazos de unión. Ahora tierra y asfalto son su escenario, una maraña de redes de transporte les conducirán por los entramados caminos que los ojos no alcanzan a ver. Se perfila un proyecto. Se abren puertas sin condiciones, corazón arriesgado y alma desnuda vulnerables, expuestos a ser disipados por el inmutable rayo de sol.

Sin dudas, no hay preguntas, todo fluye por sendas de mecanismos no demasiado complicados.

Y sin embargo quizá solo sea una estación, quizá dejen de fluir cuando Verano suelte de la mano a Primavera, porque las estación de los amores viene y va.

O quizá la unión sea más fuerte de lo esperado…


Canción: Summer son
Artista: Texas


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Martes Superficial

martes, 7 de julio de 2009 by dispersa


Cuando las burbujas de la Cocacola hacen cosquillas, glub, glub, glub




- Demasiada gente, demasiado alcohol, demasiado lesbianismo
- Pero ¿ligaste?
- Digamos que se hartaron de meterme mano y yo sin saber quién
- ¿pero lo hicieron con maestría?
- Con cierto encanto…
- entonces estuvo bien
- jajajaja
- Vamos, digo yo. Si tuvo encanto y además su toque de aventura, tuvo que estar bien. No me hubiera importado acompañarte. Aunque me temo que me hubiera agobiado un poco bastante
- no mas que yo ;-)
- Últimamente soporto poco las aglomeraciones…descontroladas




hay pocos Maestros en el arte de tocar, la gente te toca pensando que golpea las teclas de su piano o el teclado del ordenador, te pulsan como si fueses el timbre manoseado del bus. Creo que tienen la sensibilidad en la planta de los pies. Tampoco nos molestamos en ligar, uff demasiado laborioso, mejor nos metemos la lengua directamente hasta la campanilla y si nos podemos sobar por encima de la ropa mejor. Las aglomeraciones son ideales para estos temas: tú ponte detrás, yo en medio y ella delante, sándwich mixto a la hora de cenar. De entre todas las opciones esta tenía mejor pinta y si la tía esta buena mejor.





- guapa
- nooooo
- ¿no? poco criterio tienes
- ninguno, siempre he tenido mal gusto
- menos mal que me tienes a mi para dar un poco de criterio a tu vida.



A esta chica le queda mucho por aprender…






Canción: Love
Artista: The Organ


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Máquina Numen

miércoles, 1 de julio de 2009 by dispersa







Y una mañana la ciudad amaneció barrida, desierta, edificios en ruinas en una extensión fantasma como una fotografía de los años 60 en gris ceniza. Capas de polvo blanco en cubierta. El humo de los motores de aquellos espectros en otra vida lujosos inundaba las esquinas de cemento y ladrillo. Hacia mucho tiempo la ciudad dormía, sus habitantes despreocupados yacían en el lecho conformista de la rutina y el caos. El vaticinio de los más aventurados. El comienzo de la nueva era, máquinas, electricidad, conexiones sofisticadas, oscuras, indescifrables. No hay cabida para el amor y su romanticismo. Solo desconcierto y destrucción. Solo masa gris y hormigón armado conectados al odio de los más desesperados.

En alguna parte:

El poeta aguardaba su musa, la deidad que todo lo arreglaría, la inspiración que lo salvaría de su propia condena. Estaba cansado de luchar en solitario, languidecido pasaba las horas bajo el montón de chatarra que ahora era su hogar sin encontrar nada que le confortase. El poeta en verdad era un hombre frágil, débil en sentimientos. Solitario. Misántropo tal vez. Retraído al fin y al cabo.

Como cada mañana se acerco hasta el vertedero para buscar el menú del día. Últimamente había cierto lujo por allí, lo que creyó una ficha de damas era ni mas ni menos que una rodaja de salchicha. Demasiado dura para comer, se partiría un diente así que la guardó en un bolsillo del pantalón con el fin de encontrarle alguna utilidad un día de más ingenio. Esa mañana aún no había gente en el vertedero. Poeta era perspicaz y se despertaba con el primer rayo de sol para obtener la mejor basura del día. Se encontraba entre papel y plástico, entre fruta podrida y huesos de pollo cuando su corazón recibió una descarga de algo potente. Era ella… Numen estaba allí sentada sobre el estercolero con los ojos desorbitados mirando a su alrededor. Su piel era sueño, sus labios locura, su cuerpo poesía pero su expresión era pura música contemporánea. Poeta rescata a la chica del montón de mierda acumulada en años de anarquía. Disparo de adrenalina al centro de su alma. Numen era algo así como la mujer perfecta venida del futuro para salvar la humanidad, para salvar a Poeta de su condenada vida.

La chatarra daba cobijo a la extraña pareja que a pesar del transcurso del tiempo no había llegado a conectar del todo. Poeta, corazón, Numen, máquina sexual fría como el acero. La musa de belleza inexplicable, de carácter salvaje, había sido dominada por los versos del poeta. Seducida por los influjos de la luna y el hechizo de su enamorado se rindió a la ciudad y a su locura.

En el vertedero:

Como todas las noches Poeta se sentaba sobre la tapa dura de un bote de pintura para contemplar la luna. Nunca era la misma. Las fases lunares le volvían más poético y expresivo. Con dulzura escribía cada verso inspirado en la gélida Numen. Pronto azules y naranjas comenzaron a teñir la ciudad, colorearon los tejados impregnados de espesa niebla, las roñosas callejuelas desgastadas por los arrastrados moribundos. El aire benévolo filtraba los pulmones de los transeúntes. La gente apaciguada olía libertad y estabilidad, percibía futuro y tranquilidad. El vertedero había dejado de ser el distribuidor de alimentos diario, almacén de muebles y casa de juguetes. Pero Numen y Poeta volvían al vertedero con los primeros rayos del sol. Allí consumaban su locura, abandonaban sus cuerpos al caprichoso deseo que hacía con ellos cuánto quería. El jugo de ambos sexos se mezclaba con el olor a sudor y restos orgánicos que se esparcían a su alrededor. Les encantaba follarse el amanecer devorando la primera luz del día, saciando su apetito con la carne de sus cuerpos. Parecían encajar, mente, locura, alma y cordura, deseo febril y cuerpos bañados en sudor. El mundo restaurándose…


En la ciudad:

Los habitantes ardían, los versos de Poeta influenciados por la belleza de Numen habían ocasionado una revolución sexual. Cuerpos desnudos retozaban en las múltiples calles de la ciudad. Las esquinas emanaban el olor a semen caliente, los portales de las casas a la enmohecida sangre de las vírgenes más dulces. La gente dejó de trabajar porque les faltaba tiempo para fornicar con la pareja. En las tiendas solo había materias adictas sexuales, copulación de frutas, pescados y carne. En los colegios reinaba la materia sexual, profesoras practicaban una felación a sus alumnos mientras los profesores dilataban los anos de las chicas. Pronto sería insuficiente, histeria colectiva, cuerpos desgastados, delirio furioso, mentes perturbadas con un hambre voraz por el cuerpo humano. Almas desnudas y espectros hacinados en descampados, consumidos por la labor de dar y recibir placer. Sus cuerpos privados de flujo, saliva, lágrima y sudor. Completamente secos y exhaustos yacían abandonados en cualquier parte de la ciudad. Otros habían corrido peor suerte, disipados por la glotonería, sus cuerpos maltrechos y carentes de extremidades y órganos sexuales ardían en las hogueras de cualquier plaza.

Poeta había enloquecido más allá de aquel delirio placentero hacía Numen. Ésta había agotado el amor, porque el amor también se sacia, se derrite y se gasta. Y se caducó cuando la materia gris de la musa desconecto con la otra parte de su cuerpo. La chica ardiente y lunática retornó a la muchacha glacial que un tiempo atrás fue conquistada por los versos del lunático más intuitivo de la ciudad, el misántropo que comulgó con el resto de ciudadanos. Totalmente voluble enloquecía a Poeta desmesuradamente. Excedida en caprichos, maniática en costumbres, soberbia en su conversación, poseída por el afán de revelarse al imposible, frígida en esencia. Pura contradicción. Ni el más endulzado de los poemas pudo incendiar su corazón convertido ya en un gran bloque de hielo.

La población había pasado del caos a la amansada restauración para poco después convertirse en una ciudad devastada y catastrófica.

Desesperado Poeta, acarreando la lunática Numen hacía las montañas de escombros del basurero. La hermosura de la chica y toda su perfección contrarrestaba con la cojera de su estilizada pierna derecha. Se detuvieron en mitad de la nada, un cristal había perforado la suela de uno de sus lindos zapatitos. Por el agujero se colaban las piedras del camino, en ese momento Poeta recordó algo, metió la mano en uno de los bolsillos y sacó la rodaja de salchicha que aquel día confundió con una ficha de juego. Con ella tapó el agujero del zapato de Numen. Aquello fue un acto bien bonito.

Sus ojos se inundaron de lágrimas al contemplar aquella fotografía, la figura de Numen, su anhelada musa, reinando en la cima del vertedero con aquella ficha en su zapatito.

La ciudad jamás sobreviviría de aquel cataclismo…







Canción : Regreso al sexo quimicamente puro
Artista : Los Ilegales

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