Sinceramente pienso que dedicar un día del año para celebrar un acto determinado es una verdadera pantomima. Esta claro que ya es un tópico decir esto, pero es que San Valentín, el Día del Padre, el Día de la Madre, etc son la excusa perfecta de los comercios para hacer su “agosto” particular; el gran invento comercial que nos vuelve cada día un poco más consumistas.
Hoy, 23 de abril, es el Día Del Libro, se regalan libros; en otra comunidad autónoma, además, se regalan rosas; en los colegios y otros centros se celebran actos culturales con el fin de fomentar la lectura o la apreciación por los libros.
Últimamente creo que he abandonado bastante la afición que me han inculcado desde pequeña.
Desde niños, mis hermanos y yo, hemos tenido cantidades de libros como muestra de regalos y de esa manera mis padres y mis tías hicieron que nuestro interés por la lectura fuese creciendo.
Algunos de los libros que han pasado por nuestras manos y que mi madre conserva con especial cariño en una estantería son: Moby-Dick , Mujercitas, Bambi, Tom Sawyer, La isla del tesoro, Daniel el travieso, Los Cinco. Todos los clásicos, Blancanieves, Pinocho, Peter Pan, Caperucita, etc.
De mayor yo me he inclinado más por la novela aparcando un poco la poesía u otro género literario.
Realmente disfruto con cada línea que leo, es increíble la sensación que puedes llegar a sentir cuando lees una historia, te sumerges en ese libro y pareciese que estuvieses viviendo todo aquello que te describe cada hoja.
Esto me ocurrió, por ejemplo, con “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes. Me enamoré de aquel personaje, sentí que en parte le estaba robando su personalidad porque sentí ser ella. Envidié su forma de ser sin tapujos, su felicidad, su bienestar disfrutando de todo aquello que hacia en cuanto le apetecía.
También me ocurrió con “El Jarama” de Rafael Sánchez Ferlosio o “Beatriz y los cuerpos celestes” de Lucia Etxebarria.
Creo que iniciar ese hábito en los niños desde pequeños es algo bastante bueno. No se trata de despreciar aquellos que no tienen por costumbre abrir un libro, evidentemente todas las personas no coincidimos en el gusto por las cosas, habrá quien lo encuentre aburrido o incluso se duerma. Pero pienso que la lectura crea en la persona la habilidad para expresarse mejor, enriquece su vocabulario, al menos eso ocurrió conmigo. Abrir un libro fue para mi como abrir mi mente… Me enseñó a poder expresarme a través de las cosas que escribo, me enseñó a imaginar, a soñar, me descubrió un mundo nuevo tan apasionante que engancha.
En estos momentos estoy leyendo “El viaje a la felicidad” de Eduardo Punset. Fue un regalo de Reyes que voy leyendo a retazos, es algo totalmente diferente a lo que suelo leer. El ensayo nunca me ha entusiasmado pero en esta ocasión estoy leyendo algo bastante interesante… Punset analiza las distintas formas de hallar la felicidad…
Estados del ánimo:
Depre: “Muerte en Venecia” de Thomas Mann.
Dubitativa: “Beatriz y los cuerpos celestes” de Lucia Etxebarria.
Sexual: “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes.
Alegre: “La hija del Caníbal” de Rosa Montero.
Nostálgica: “El Jarama” de Rafael Sánchez Ferlosio.
Enfadada: “Pudor” de Santiago Roncagliolo.
Experimental: “Castillos de cartón” de Almudena Grandes.
Romántica: “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel.
Fantasiosa: “El librero de Selinunte” de Roberto Vecchioni.
Atrevida: “Henry y June” de Anais Niin.
Hoy, 23 de abril, es el Día Del Libro, se regalan libros; en otra comunidad autónoma, además, se regalan rosas; en los colegios y otros centros se celebran actos culturales con el fin de fomentar la lectura o la apreciación por los libros.
Últimamente creo que he abandonado bastante la afición que me han inculcado desde pequeña.
Desde niños, mis hermanos y yo, hemos tenido cantidades de libros como muestra de regalos y de esa manera mis padres y mis tías hicieron que nuestro interés por la lectura fuese creciendo.
Algunos de los libros que han pasado por nuestras manos y que mi madre conserva con especial cariño en una estantería son: Moby-Dick , Mujercitas, Bambi, Tom Sawyer, La isla del tesoro, Daniel el travieso, Los Cinco. Todos los clásicos, Blancanieves, Pinocho, Peter Pan, Caperucita, etc.
De mayor yo me he inclinado más por la novela aparcando un poco la poesía u otro género literario.
Realmente disfruto con cada línea que leo, es increíble la sensación que puedes llegar a sentir cuando lees una historia, te sumerges en ese libro y pareciese que estuvieses viviendo todo aquello que te describe cada hoja.
Esto me ocurrió, por ejemplo, con “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes. Me enamoré de aquel personaje, sentí que en parte le estaba robando su personalidad porque sentí ser ella. Envidié su forma de ser sin tapujos, su felicidad, su bienestar disfrutando de todo aquello que hacia en cuanto le apetecía.
También me ocurrió con “El Jarama” de Rafael Sánchez Ferlosio o “Beatriz y los cuerpos celestes” de Lucia Etxebarria.
Creo que iniciar ese hábito en los niños desde pequeños es algo bastante bueno. No se trata de despreciar aquellos que no tienen por costumbre abrir un libro, evidentemente todas las personas no coincidimos en el gusto por las cosas, habrá quien lo encuentre aburrido o incluso se duerma. Pero pienso que la lectura crea en la persona la habilidad para expresarse mejor, enriquece su vocabulario, al menos eso ocurrió conmigo. Abrir un libro fue para mi como abrir mi mente… Me enseñó a poder expresarme a través de las cosas que escribo, me enseñó a imaginar, a soñar, me descubrió un mundo nuevo tan apasionante que engancha.
En estos momentos estoy leyendo “El viaje a la felicidad” de Eduardo Punset. Fue un regalo de Reyes que voy leyendo a retazos, es algo totalmente diferente a lo que suelo leer. El ensayo nunca me ha entusiasmado pero en esta ocasión estoy leyendo algo bastante interesante… Punset analiza las distintas formas de hallar la felicidad…
Estados del ánimo:
Depre: “Muerte en Venecia” de Thomas Mann.
Dubitativa: “Beatriz y los cuerpos celestes” de Lucia Etxebarria.
Sexual: “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes.
Alegre: “La hija del Caníbal” de Rosa Montero.
Nostálgica: “El Jarama” de Rafael Sánchez Ferlosio.
Enfadada: “Pudor” de Santiago Roncagliolo.
Experimental: “Castillos de cartón” de Almudena Grandes.
Romántica: “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel.
Fantasiosa: “El librero de Selinunte” de Roberto Vecchioni.
Atrevida: “Henry y June” de Anais Niin.
Etc...


