El Principito

miércoles, 9 de julio de 2008 by dispersa

Ahora hace unos días acabé de leer El Principito. Ya sé que es uno de esos libros que casi todos los niños poseen en alguna estantería de su habitación pero ese caso no es el mío. Solo he conocido la historia de este singular personaje y su rosa a través de los comentarios de la que fue mi pareja durante años.

Con motivo de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión decidí comprar dos ejemplares; uno de regalo y otro para mi. Pero hasta ahora no había decidido leerlo, y todo tiene un por que…

Solo he necesitado dos días y la historia me ha fascinado, también me ha sorprendido… no esperaba que un cuento tan sencillo e infantil llegara a gustarme tanto.

Escogería muchos fragmentos del libro con los que siento que se identifica alguna parte de mi vida, otros muchos que expresan algunos de mis pensamientos, aquellos pensamientos y sensaciones que jamás consigo describir. Pero sobretodo, escogería El Principito como un regalo para aquellas personas que “maduraron” demasiado pronto, los que perdieron la inocencia, la ilusión e hicieron de su vida una aburrida rutina. Un regalo para aquellas personas que no saben apreciar lo que tienen, los que tampoco estiman los pequeños detalles del día a día, las cosas mas sencillas, que al fin y al cabo son las más puras que rodean nuestra vida.







El Principito








la serpiente y el elefante



"Érase una vez un principito que habitaba en un planeta apenas más grande que él, que necesitaba un amigo…”


-Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.
-Sabes… cuando uno está muy triste son agradables las puestas de sol…
-Entonces, ¿el día que viste los cuarenta y tres atardeceres estabas muy triste?.



que yo conozca una flor única en el mundo, que no existe en ninguna parte, salvo en mi planeta, y que un corderito puede destruirla de un solo golpe sin darse cuenta de lo que hace , ¿no es importante?




-Si alguien ama una flor y no existe más que un solo ejemplar en millones y millones de estrellas, esto es motivo suficiente para que ese alguien se sienta feliz cuando la mira.




El Farolero – cuando enciende su farol es como si hiciera nacer una estrella o una flor. Se ocupaba de algo más que de sí mismo.










-Ve a ver de nuevo a las rosas. Comprenderás entonces que la tuya es única en el mundo. Después regresa a decirme adiós y te haré partícipe de un secreto.









-Adiós- dijo el zorro- he aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos.








No gritó, cayó como cae un árbol: suavemente.

¡ Y ninguna persona mayor comprenderá jamás que estas cosas sean verdaderamente importantes!


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